Nació en Antequera, Provincia de Málaga, Andalucía. Hijo de Andrés Delgado y Catalina de Borja. Casado con María de Ocon. Tuvieron dos hijos.

Estudio Medicina en la Universidad de Alcalá de Henares en donde recibió su doctorado y fue catedrático. Fue médico de cámara de Felipe II. Refiere Flores de Ocaris, que se pusieron de acuerdo con su mujer para ingresar en la vida religiosa. Dejaron sus bienes a sus hijos y ella tomó el hábito de San Agustín en el convento de Antequera y él los de la misma comunidad en Sevilla. A los 50 años Fray Mateo de los Angeles pasó a las Indias con treinta religiosos. Llegó enfermo a Cartagena pero mejoró, convaleció y subió a Santafé. Fue vicario provincial. Estuvo en Tunja en donde fue el primer médico en ejercer la  medicina. Vivió en el Convento de San Agustín. Después de un tiempo, se retiró para fundar el Monasterio de desierto de la Candelaria de los Agustinos Recoletos Descalzos Ermitaños de la villa de Leiva. en 1.604. Fray Mateo reunió en comunidad a los ermitanos que vivían dispersos en las cuevas de los alrededores. El convento está destinado hoy al noviciado de los padres Agustinos y a retiros espirituales.

Refiere Florez de Ocaris que Fray Mateo hizo el voto de no mirar mujer alguna; en varias ocasiones "le aconteció recibir cartas de sus religiosas mujer e hija y sin abrir quemarlas, que es otro tanto que la fe cuenta de los antiguos padres de la Tebaida".

Vivió como un ermitaño en olor de santidad. Decían que tenía el don de la profecía y pronosticó exactamente el día de su muerte que ocurrió a los 105 años. Sus huesos se encuentran debajo del altar mayor de la capilla del Monasterio.
 

Referencias:

Ayape, Eugenio, Fray: Historia del desierto de la Candelaria, Bogotá : Escuela Tipografía Salesiana, 1935

Florez de Ocaris J: Libro primero de las Genealogías del Nuevo Reino de Granada, Buendia, Madrid 1674; 220-221

Saravia Gallo R: Médicos que han ejercido en Tunja, en Otalora de Corsi RM: Crónicas y Leyendas de Tunja, El Vigía, Tunja 1939; 50-70
 


    Año VII, N° 122, Septiembre 2006